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Ellos nos miraban tras sus gafas oscuras y sus miradas opacas. Bajaban de cualquier colina con el diablo tras ellos. Todos caminaban al unísono. Nosotros estábamos sentados en mitad del poblado. No teníamos prisa. Nos rodearon y tú te marchaste.

Su silencio era sólido como un muro. Sonrieron y el viento empezó a correr entre ellos. El sol daba placer, la tierra estaba llena de claridad. Esparcí la arena con detenimiento y pinté cualquier estructura invisible. Entonces me recosté en medio de todos ellos. El sueño se acercó a mi oído. No escuché sus pasos en la tierra ni mi corazón en sus mentes y la paz me alejó definitivamente.

Soñé con todos ellos rodeándome, soñé también con sus ojos pintados y sus gabardinas moviéndose sin peligro. Pasaban allí la noche esperando con inhumana esperanza. Después el amanecer mostró tristes crepúsculos en sus rostros.

Cuando desperté el ambiente era cálido y nublado. Me esperaba sólo uno de ellos. El tiempo me traía diferentes ánimos mientras me acercaba a él. Al llegar, me di cuenta de que sus lágrimas eran el único ser vivo sobre su rostro petrificado. “¿Quién eres tú?” Ni las lágrimas ni la piedra contestaron.

Subí una de las colinas lejanas como si fuera cualquier viñeta abandonada. El camino fue agradable y no tardó en hacerse parte del horizonte, el viento peinaba con cuidado y me acompañó hasta arriba.

Cuando divisé el inmenso paisaje sólo pude ver al diablo esperando al final de la pendiente.

Entonces el caballo del oeste descendió la colina de al lado. Sentí su aliento animal y sus acordes sobre la arena. Escribía cada uno de sus movimientos con infinitos y desconocidos átomos. Todos ellos pasaron de largo por encima de aquel hombre diluido en replicantes lágrimas.

Volví a mí mismo con un nuevo aliento que me trajo la sensación de estar felizmente vivo. Contemplé el paisaje infinito que me inundó con una lluvia de significados. Entonces tuve la dulce y viva sensación de que, definitivamente, el sol saldría otra vez y de que tú volverías pronto…

Observé de nuevo al fermento rojo pero los ojos del caballo me interrumpieron:

“Si miras tres veces al diablo poseerá tu alma para siempre” – me dijo.

Cuando lo miré por tercera vez ya no estaba

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