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Esto va a ocurrir muy de vez en cuando; voy a empezar este diario por la última página (normalmente cualquier otra hoja puede salir aquí). Me veo en la necesidad de escribir otra introducción empezando, esta vez, por el final.

Hace poco me entrevistaron en una radio, un podcast que está a punto de salir. El caso es que hablando de lo que supone escribir para mí, pensé que, en gran parte, era como ir al psicólogo. Y es que, al menos en mi caso, me di cuenta enseguida de que tener pensamientos y emociones dentro de tu mente es muy diferente del hecho de sacarlos a la luz, de darles una existencia.

Con independencia a lo que luego haga el psicoterapeuta, cuando vas a terapia y empiezas a verbalizarlo todo, sin trabas, sin miedo a ser juzgado, sintiéndote casi como único emisor y receptor de tus propias palabras, te das cuenta de que es cuando las corporeizas mediante palabras cuando realmente te enfrentas a ello. Por eso no es extraño para mí salir del psicólogo muchas veces como si saliera de un post-operatorio. Salgo muchas veces internamente tocado pero, indudablemente, más sano. Y no se trata de nada esotérico, es el simple y puro poder sanador de las palabras.

Seguramente  por eso empecé a escribir en mi adolescencia; para salir de mis propios infiernos. Ya desde entonces escribía solo para mí, casi sin filtros, tal y como hablo en terapia. He seguido escribiendo de forma muy intermitente, aprovechando tiempos libres y no tan libres.

Las historias de esta sección son vivencias reales de mi día a día y, sin duda, mi sección más problemática. Por mi experiencia, creo que la mentira trae un beneficio a corto-medio plazo y una auto-condena a largo plazo. La sinceridad, en cambio, suele traer problemas a corto-medio plazo y la liberación propia a largo plazo. Por eso, la idea de que “La verdad os hará libres” es una de las más trascendentes y brillantes de la Biblia.

Yo siempre aconsejo a mis sobrinos y a todos los niños que tengo a mi alcance que escriban todos los días un diario, un cuento, un par de líneas si quieren pero que lo hagan (para ellos mismos, no con la idea de ser leído por sus padres).

No sólo por el tesoro que eso supone cuando eres mayor (ojalá alguien me lo hubiera dicho de niño, me hubiera ahorrado innumerables sesiones con el loquero), sino también por el propio hecho curativo de escribir. Por eso y porque lo primero es conocerse a uno mismo, conocer el prisma subjetivo a través del cual estás percibiendo el mundo.

Tampoco es casualidad que el primer poema que escribí estuviera dedicado a mi hermana Ana, que murió demasiado joven. Fue niña superdotada y una alucinante poetisa. Llevo muchos años intentando dar sentido a su tortuosa muerte pero finalmente, he llegado a la conclusión que lo mejor que puedo hacer es seguir el camino que ella dejó a medias. Ahora debo vivir y escribir por mí mismo y por ella. Y eso me obliga, a fuerza de atravesar su muerte, a vivir el doble.

Esto me lleva también a Alicia, que apareció hace poco en mi vida para empujarme a sacar este blog. No sé muy bien cómo agradecértelo. De lo que sí estoy seguro es de que tu madre y mi hermana han movido los hilos para que esto ocurra. De no ser así, caminarán juntas hasta el cruce entre el destino y la providencia y cuando pasen saludarán, sonrientes, al Dios del Azar.
(Gracias a tu pareja también por su paciencia)

Gracias Nuri, mi lectora “number one”, con las poquísimas cosas que has leído de mí, has sido la que más sabes de todo esto. Gracias por todos tus ánimos. Sé que siempre estaremos más cerca de lo que la distancia y las circunstancias nos obligan. Aquí también hay mucho de ti.

Mi madre, a la que agradezco su valentía para mantener la bondad como roca indestructible; un auténtico tesoro. Me siento orgulloso de ser hijo de esa naturaleza. Por eso, cuando esto continúe, ella aparecerá muchas más veces aquí.

Gabi, querido hermano es un honor acoger aquí algunas de tus maravillosas fotos tan llenas de talento y de magia.

Maitee y David gracias por vuestro cariño y vuestros ánimos y las fascinantes conversaciones que hemos tenido últimamente. Qué bueno y qué extraño es contar con una fuente de inspiración como vosotros.

Emilio e Isabel, los cuales perdí totalmente la pista pero no olvido que durante nuestras desfasadas noches tuvimos muchas conversaciones en las que pusieron una fe completa en que yo algún día sería escritor.

Me resulta curioso la cantidad de personas que confiaron en que yo algún día publicaría mis textos y lo más alucinante es que lo hicieron sin haber leído ni una sola línea de mis escritos. A eso, desde luego, se le llama tener fe. A todos ellos dedico esta montaña de historias, pensamientos y emociones que iré moviendo hasta aquí.

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